
Lucia di Lammermoor fue una obra denostada durante muchísimo tiempo, por tener la fama de ser un vehiculo de lucimiento para la soprano, sin ninguna historia de fondo, y con unas situaciones creadas, para los oportunos gorgoritos. Afortunadamente el tiempo quitó la razón a los que así pensaba, y de esta manera, Lucia di Lammermoor, se ha convertido en una de las operas más representadas, en parte, gracias al renacimiento del belcanto, inciado en los 50 por cantantes como Maria Callas, y seguido más tarde por sopranos como Joan Sutherland o Renata Scotto.
Lucia di Lammermoor, es una opera de Gaetano Donizetti con libreto de Salvatore Cammarano, basado en la obra de Sir Walter Scott “The bride of Lammermoor”. Cuenta la historia de una decadente familia protestante, los Ashton, la cual tiene serios peligros en la Escocia, dominada por Maria I, “Bloddy Mary”. Para solucionarlos, el cabeza de familia, Enrico Ashton, quiere casar a su hermana Lucia con Arturo, perteneciente a una poderosa familia, para acabar con sus problemas. Lucia esta enamorada en secreto de Edgardo de Rawenswood, jefe de la familia de mayor animadversión con los Ashton, que quiere firmar la paz, pero es llamado a Francia y le jura amor eterno. Enrico falsifica una carta de Edgardo, en la que dice que esta enamorado de otra mujer, lo cual lleva a Lucia a la boda predispuesta con Arturo. Tras la firma del contrato matrimonial, Edgardo aparece en la fiesta, y viendo la situación, se marcha a sus dominios, maldiciendo a Lucia.
Raimondo, tutor de Lucia, interrumpe la boda, Lucia ha matado en un ataque de locura a Arturo, y tras salir a escena, cuenta entre delirios su boda con Edgardo, tras la cual, se desmaya y muere. Cuando Edgardo se entera de la muerte de su amada, se suicida clavandose un puñal.
Esta terrible historia de amor y muerte, esta contada musicalmente de forma exquisita. Veamos: la opera se inicia con el aria y la cabaletta de Edgardo “Cruda, funesta, smania…” verdadera piedra de toque para baritono, y tras la cual ya sabremos mas o menos como cojeará. Le sigue el aria y cabaletta de Lucia “Regnava nel silenzio… Quando rapito in stasi” en la que ya vemos el caracter vocal de Lucia, coloratura, tras coloratura. Llega Edgardo y juntos cantan el delicioso duo “Verrano a te”, primero él, luego ella y acabamos el duo y el I Acto en sobreagudo.
Durante el II acto se da el maravilloso duo de Enrico y Lucia, que acaba con la cabaletta “Se tradirmi tu potrai”, que la soprano acaba en un sobreagudo, las que pueden claro… (Sutherland en su segunda grabación mete un Mi5 con dos cojones) . Para pasar a uno de los momentos más bonitos de la historia de la opera, el sexteto “Chi mi frena” que seguirá el vertiginoso “T’allontana sciagurato”.
Más tarde llega el momento climax de la opera, la famosa escena de la locura, 16 minutos de casi monologo, en los que la soprano coloraturea y coloraturea hasta cansarse, llegando a dar dos Mi5, naturales, aunque la partitura esté un tono por encima. Esta parte es definitivamente una de las más dificiles escritas para soprano, porque aparte de llegar a la notación, la soprano debe de tener unas dotes dramáticas adecuadas, para hacer creible esa locura. La opera acaba con la maravillosa muerte de Edgardo, aunque suene gracioso, su escena de muerte es una belleza…
Algunas Lucias…

La Divina Maria Callas
La Stupenda Joan Sutherland
Natalie Dessay
Anna Moffo
Mariella Devia
Renata Scotto
Edita Gruberova
Beverly Sills
Grabaciones

Maria Callas, Giuseppe di Stefano, Tito Gobbi, Rafaelle Arie. Orquesta del Mayo Musical Florentino dirigida por Tullio Serafin (1953)
Horror, cuando uno acaba de escuchar esta grabación, sabe que ha perdido años de vida. Y es que no podían haber elegido peores acompañantes para la Divina en su primera grabación en disco, Pippo di Stefano hace una deplorable interpretación de su Edgardo y Tito Gobbi es un indescriptible Enrico, sin una nota cantada en toda la grabación, las hay berreadas, las hay ladradas, pero no existe canto. La Divina, esta, pues así, divina. Son sus años jóvenes, una voz intacta, penetrante, una concepción psicológica muy importante del papel, y eso se nota a la hora de su interpretación. Deplorable a no ser por la Callas, que esta divina. A propósito, Callas tiene una grabación en directo en 1955, con los mismos medios que en el 53, pero con un Pippo que ha mejorado bastante y un Rolando Panerai que es Dios respecto a Gobbi.

Joan Sutherland, Luciano Pavarotti, Sherill Milnes, Nicolai Ghiaurov. Orquesta de la RHO dirigida por Richard Bonynge.
El mito Sutherland nació en 1959, tras una espectacular Lucia di Lammermoor, y paseó el rol por los mejores teatros del mundo, hasta despedirse de él, pasados los 60, el el Liceu barcelonés. En esta Lucia, Sutherland muestra su arsenal de trucos belcantistas, una voz ensanchada y una dicción un poco así. Pavarotti es un dechado de virtudes, se encuentra en el cenit vocal, y resuelve muy bien su interpretación. Milnes no acaba de estar cómodo en su papel y Ghiaurov hace un Raimondo de lujo. Sutherland grabó en su juventud la opera, con Cesare Siepi, Robert Merrill y Renato Cioni, haciendo un maravilloso trabajo, y jodiendo el tal Cioni, una versión que bien podria ser mítica, de no estar él.

Beverly Sills, Carlo Bergonzi, Piero Cappuccilli, Justino Diaz. London Symphony Orchestra dirigida por Thomas Schippers
La gran cantante norteamericana Beverly Sills grabó esta ópera cuando estaba en plenas facultades, porque con el tiempo adquirió un molesto vibrato, alcanzando una serie de cotas belcantistas dificilmente superables. Trinos, escalas, arpegios, absolutamente todo lo tiene la Sills en esta grabación, si bien el grave es endeble, lo sombrea y apenas se nota. El gigante italiano Carlo Bergonzi, graba uno de los mejores Edgardos de la discografía, y el enorme baritono Piero Cappuccilli sienta catedra con un Enrico verdaderamente malvado, y que no ha sido superado aún. Justino Diaz no es Ghiaurov, y su timbre esta abaritonado, pero se deja oir como Raimondo. Schippers dirige con maestria.
Existe numerosas Lucias grabadas en DVD. Las de Renata Scotto en Tokyo en los 60 y la de Mariella Devia en los 80 en la Scala son buenas referencias. A evitar a toda costa, las versiones de las sopranos canarios de la preguerra, Lily Pons o Mado Robin, espectaculares en la coloratura, pero pobres y escasas de medios en el resto. Como curiosidad, Mado Robin cierra su escena de la locura, con un espectacular Sib5, que levanta la boina.
Una maravillosa opera


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