
Grand-Ópera en todo su esplendor. Grandes coros, mucha escenografía, dorados por todas partes, y una historia de amor de fondo, así es Aída, la historia del enfrentamiento de dos mujeres, Aída, la esclava etiope y Amneris, la princesa e hija del Faraón, por el amor de Radamés, general victorioso egipcio y que ha conquistado Etiopía. Creada para la inauguración del Canal de Suez, se estrena con tremendo éxito en El Cairo en 1871.
El Argumento
Aída, una joven etíope esclava de los egipcios, vive en el palacio imperial de Memfis, al servicio de la princesa Amneris. Ambas están enamoradas de Radamés, el valeroso guerrero egipcio, mientras éste está enamorado de Aída. Las ordas Etíopes están atacando Egipto, y para combatirlas, el Rey de Egipto nombra a Radamés como el general que debe luchar con los invasores. Radamés va efectivamente al frente de las tropas egipcias, y logran vencer a los Etíopes, trayendo a Amonasro, el padre de Aída, y rey de los etíopes, entre los prisioneros, confundido con un montón de esclavos. El rey ofrece como premio a Radamés todo lo que él pida en ese día. Radamés quiere pedir la mano de Aída, y pide primero la liberación de todos los Etíopes, pero Ramfis, el Sumo Sacerdote egipcio, le advierte al guerrero y al Rey que son soldados valientes, y que se revelarán en cuanto sean liberados. Sin embargo, Radamés alega que muerto Amonasro (como lo creen), ya no hay quien quede para guiarlos. Ramfis pide que al menos quede como prisioneros Aída y su padre. El Faraón acepta, y antes de que Radamés pueda hacer nada, le ofrece también la mano de su hija en premio: Radamés algún día será rey de los egipcios. La noche anterior a su boda con Amneris, Radamés cita a Aída al borde del Nilo para proponerle un nuevo plan: guiará nuevamente al ejército egipcio contra los etíopes, y como premio pedirá su mano. Pero Aída es interceptada primero por su padre que le pide robe a Radamés el secreto de la posición de las tropas egipcias, para poder huír junto al resto de los esclavos, diciéndole que también pueden huír con Radamés, para ser felices en Etiopía. Aída acepta, y convence a su vez a Radamés de huir. Radamés, sin quererlo, se traiciona y revela el secreto, y tarde se da cuenta que Amonasro los está escuchando. Este se descubre como el rey de los etíopes, pero Amneris también los ha descubierto. Amonasro y Aída huyen, mientras Radamés, sabiéndose traidor (aunque sin intención), se entrega a los sacerdotes. Amneris está desesperada entonces porque Radamés será juzgado por traicion a la patria, y le ruega a Radamés que se disculpe, pero éste se niega: su intención no fue traicionar a Egipto, y no va a pedir disculpa por ello. Amneris le revela que en la huída solo han logrado matar a Amonasro, pero que Aída a huído, y Radamés espera que su amada pueda tener una vida feliz, aunque él sea ejecutado. El juicio se lleva acabo, y Radamés es condenado sin defenderse, a morir enterrado vivo. Amneris desespera y maldice a los Sacerdotes. Radamés es enterrado vivo, pero cuando ya todo está perdido, descubre que Aída enterada de la condena, se ha escabullido en la tumba antes de que la cierren. Así, Radamés y Aída mueren enterrados vivos juntos, mientras la torturada Amneris pide piedad a los dioses.
Llena de momento espectaculares, la ópera comienza con una piedra de toque para cualquier tenor que se precie, el aria de entrada de Radamés: “Celeste Aida”, con su dificil Si agudo final, que se toma en forte para ir apianando. Llegan Amneris y Aida, y dan el pequeño trio del primer acto. Aida romperá toda la grandiosidad de la ópera con un aria de soledad: Ritorna vincitor, en la que habla de como si Radamés vuelve victorioso de la conquista de Etiopía, su padre, el rey de los etíopes, caerá con él. Vuelve Amneris y cantan el duo: “Fu la sorte dell’armi a’tuoi funesta”, que precede a la marcha triunfal y a la presentación de Amonasro, padre de Aída, como prisionero. En el tercer acto se da la emotiva aria de Aída: “O patria mia”, el intentensísimo duo entre Aída y Amonasro, con la famosa frase “Dei faraoni tu sei la schiava!!” y más tarde el duo entre Aída y Radamés, en el cual Radamés le cuenta como salvarán su vida, y es prendido por Amneris y llevado a juicio. El cuarto acto, se inicia con la gran escena de Amneris, duo con Radamés, y el juicio de Radamés, donde la mezzo debe de imponerse por encima de una orquesta y un coro tronando. La escena final, nos regala uno de los mejores momentos de la historia de la ópera, el duo final de Aída y Radamés: su muerte.
Aída debe ser interpretada por una soprano lírica, Radamés por un spinto y Amneris por una mezzo, dramática o no. Amonasro por un barítono y Ramfis, el sádico sacerdote, por un bajo.
Las versiones

Zinka Milanov, Jussi Bjorling, Fedora Barbieri, Leonard Warren, Boris Christoff. Orquesta de la Ópera de Roma dirigida por Jonel Perlea.
Milanov, fue una de esas grandes sopranos del periodo de la preguerra, destacó en roles para líricas, o incluso para dramáticas, como puede ser Norma o La Gioconda, nos regala aquí una Aída matizada, un poco glótica, pero bien cantada. Bjorling es uno de los más grandes tenores de la historia, y aquí se sale como Radamés, con una voz lírica, para nada una voz spinto, lástima de que sea un “pan sin sal” y cante sin mucho sentimiento. Barbieri es una de las mejores mezzos de la historia, y aqui está jóven y lozana, no tiene ningún problema con sus escenas, y nos pone la carne de gallina con su escena del juicio. Qué decir de Warren, un cantante inteligentísimo,matizado y analítico y que nos ofrece aquí un Amonasro doliente. Christoff es otro de esos cantantes legendarios, un poco fuera de rol en su Ramfis, pero decente al fin y al cabo

Renata Tebaldi, Carlo Bergonzi, Giulietta Simionato, Cornell Macneil. Wiener Philarmoniker dirigida por Herbert Von Karajan.
El hecho de que Tebaldi haya sido una de las mejores Aídas de la historia, lo evidencia en esta grabación, un poco tardía, y con alguna nota calante y algunos fortes (ese do final del O patria mia), pero en la que esta soberbia de principio a fín, es un rol que domina, y eso se nota. Carlo Bergonzi, es EL tenor verdiano por excelencia, puede absolutamente con todos los peligros que plantea Radamés y sale victorioso haciendo un general egipcio elegante. Giulietta Simionato, la mejor Amneris de la história sin discusión, da una lección de como se debe cantar ese papel, y sienta catedra absolutamente. Cornell Macneil, es un barítono magnífico, verdiano por excelencia, se muestra muy muy seguro en este Amonasro que clava de principio a fín. Karajan dirige de forma impresionante a a su orquesta, y en ocasiones la orquesta suena más fuerte que los cantantes.

Montserrat Caballé, Plácido Domingo, Fiorenza Cossotto, Piero Cappuccilli, Nicolai Ghiaurov. OCV dirigida por Riccardo Muti.
Caballé nos presenta una Aída preciosista, poco importa el personaje, interesa la musicalidad y la adecuación vocal, y aquí Caballé esta inmensa, lastima de Aída, que se hace un poco sosa. Domingo hace un ardiente, pasional y adecuado Radamés, que no será superado por otras de sus grabaciones. Fiorenza Cossotto, sucesora natural de la GRAN Giulietta Simionato, nos presenta una Amneris fiera como pocas, impresionante. Cappuccilli esta muy bien, aunque no llega al nivel de otros Amonasros y Nicolai Ghiaurov presenta el Mejor Ramfis de la discografía.

Mirella Freni, Josep Carreras, Agnes Baltsa, Piero Cappuccilli, Ruggero Raimondi. Wiener Philarmoniker dirigida por Herbert Von Karajan.
Freni, no tiene la vocalidad necesaria para Aída, es un hecho, pero la rúbia de Módena se defiende muy muy bien en el papel. Carreras está en aquella época en la que creía que un lírico podía hacer spintos, y no sale del todo mal parado. Agnes Baltsa, tengo debilidad por esta mujer, esta muy bien, y si bien canta una Amneris de menos fuerza vocal que la de la Cossotto o la de la Simionato, lleva el papel a su territorio de lírica y ahí lo domina. Cappuccilli sigue igual de cumplidor, igual un poco más viejo, y el Ramfis de Raimondi, es insípido.

Leontyne Price, Jon Vickers, Rita Gorr, Robert Merrill, Giorgio Tozzi. Orquesta de la Ópera de Roma, dirigida por Sir Georg Solti.
Leontyne Price, hizo de Aída uno de sus caballos de batalla, y no es para menos, con esa voz, absolutamente sensual, aquí esta acompañada por un Vickers en estado de grácia, y con voz bellísima. La siempre menos preciada Rita Gorr, grandísima mezzo dramática belga, hace una interesantísima Amneris, nueva, desconocida, llena de ricos matices, una cosa impresionante. Merrill, ya esta un poco cascadete, su voz tiene zonas opacas y cavernosidades, pero sigue siendo un gran barítono y su Amonasro suena como lo que es, un rey sin corona. Tozzi hace un buen Ramfis. Solti dirige de forma estupenda, con abundancia de metales.

Maria Callas, Richard Tucker, Fedora Barbieri, Tito Gobbi, Giuseppe Modesti. Orquesta del Teatro alla Scala de Milano dirigida por Tullio Serafin.
Maria Callas fue una gran Aída, y en esta grabación del 55, esta en plenas facultades, aunque con cierta tirantez en el agudo. Richard Tucker, tiene mucho predicamento como tenor spinto, y lo merece por otra parte, pero a mi me parece amanerado y terriblemente verista, , nos da su visión personal de Radamés. Barbieri vuelve a clavar la Amneris, como unos pocos años antes con la Milanov, pero los años pasan para todos, y Barbieri hace cada vez más patente, el problema entre el grave y el agudo, con su característica voce di petto y el resto en la máscara. Gobbi, es quizá uno de los peores Amonasros de la discografía, con mucha diferencia. Serafin no tiene problemas con las huestes scaglieras
Gran opera, gran disfrute.
Disfruten!
























Norma
como Lucia di Lammermoor
como Marie en La fille du Regiment
como Gilda en Rigoletto
con Luciano Pavarotti en La Traviata
como Donna Anna en Don Giovanni
como Elvira en I puritani
como Cleopatra
Comentarios recientes