Desde 1853, “La Traviata”, ópera compuesta por Giuseppe Verdi, no se ha movido de los carteles de los grandes teatros de ópera del mundo. Considerada como la tercera ópera que consagró a Verdi como uno de los mejores, las otras son “Rigoletto” e “Il trovatore”, tras años de trabajos injustamente poco considerados, este melodrama, tuvo una fría acogida. Ni en el veneciano teatro de La Fenice, ni en París, tuvo éxito, este dramón sobre una cortesana tuberculosa, enamorada de un jóven rico hombre de provincias, cuya vida acaba destrozada por la muerte de ella. La burguesía y la clase alta se vió demasiado reflejada y dió la espalda a la obra de Verdi.
Años más tarde, la obra es reestrenada y todo un éxito.
El argumento
Violeta, distinguida cortesana parisiense, se enamora de Alfredo Germont, con el cual se va a vivir a una quinta próxima a París. El padre de Alfredo intenta que su hijo vuelva a la vida ordenada, y, convencido de que el amor puede más que su autoridad, va a rogar a la amada de su hijo que termine aquellas relaciones que tanto perjudican a Alfredo. Violeta convence al anciano de la sinceridad de su amor, y, sacrificándolo por el bien de su amado, se va de la casa y deja escrita una carta frívola y cruel. Alfredo, herido por el desengaño y picado por los celos, ofende grave y públicamente a Violeta, y entonces su padre le explica lo sucedido y la grandeza del amor de ésta. Alfredo va a ver a Violeta para pedirle perdón. Violeta está muy enferma, y sólo le quedan unas pocas horas de vida. En éstas, ambos recuerdan la época buena de su amor, y Violeta muere.
Es el papel de Violeta, uno de los más exigentes de todo el repertorio, necesita una buena coloratura en el I acto, una sonido lírico en el II y uno más puro, más etereo en el III. Alfredo suele ser interpretado por lírico-ligeros, o simplemente líricos y el papel del paternal Germont va para un baritono lírico.
Ópera con numerosos y conocidos números. El primer acto contiene el famosísimo “Brindis” y todo el aria final de Violetta: “Ah forse lui….. Sempre libera”, coloratúrica total. El segundo acto comienza con el aria y cabaleta de Alfredo, “Lunge da lei… oh mio rimorso”, al cual sigue todo el fantástico duo entre Violeta y Germont, lleno de dramatismo. Cuando Germont se marcha, Alfredo vuelve y Violeta exclama su famoso: “!Amami Alfredo”. La escena de las monedas, dramática como pocas, cierra el II acto. Durante el tercero se da el aria de Violeta: “Teneste la promessa…. Addio del pasato” y el duo entre Violeta y Alfredo: “Parigi oh cara”.
Las Versiones

Maria Callas, Giuseppe di Stefano, Ettore Bastianini. Orquesta y coro del Teatro alla Scala de Milán, dirigido por Carlo Maria Giulini (1955)
Maria Callas fue sin ningún tipo de duda, una de las mejores interpretes de Violeta. Tenia una gran capacidad actoral, que confería al personaje una dimensión más allá que la puramente artística, Callas vivía Violeta, y eso se nota en esta grabación, en la que Callas raya la mímesis con el personaje. Además de una vocalidad perfecta, tiene un gran personaje construido. Pippo di Stefano, hace un sobrio y correcto Alfredo, al que ya se le notan aberturas en el agudo, y Ettore Bastianini hace un estupendo Germont, muy a la altura de su gran voz. Giulini dirige fantásticamente a las huestes milanesas. Callas grabó la ópera para CETRA en sus primeros años, pero tanto el Alfredo de Francesco Albanese como el Germont de Savarese son de juzgado de guardia. Callas tiene otras dos versiones live, una en 1956 en la Scala con Gianni Raimondi haciendo un estimulante Alfredo y un Bastianini en su línea, y una en 1958 en Lisboa, con ya algunos problemas en el agudo pero con un Alfredo de categoria como fue Don Alfredo Kraus.

Joan Sutherland, Carlo Bergonzi, Robert Merrill. Orquesta y Coro del Maggio Musicale Fiorentino dirigidos por Sir John Pritchard. (1961)
Joan Sutherland fue otra gran Violeta, vocalmente claro, estamos en 1961, y la Stupenda no tiene ninguna carencia vocal, pero sí dramática, su Violeta es ligeramente plana, pero esta maravillosamente cantada. Carlo Bergonzi, hace quizá el mejor Alfredo de la discografía y Robert Merrill, luce una bonita voz, ya algo ajada, pequeño vibrato y que tiende a la cavernosidad, pero en sí una interpretación magnifica indiscutiblemente. Una total y absoluta referencia. Sutherland grabó muchos años más tarde, la Violeta, pero en este caso junto a Luciano Pavarotti como Alfredo y Matteo Manuguerra como Germont, en una discreta versión en estudio.

Pilar Lorengar, Jaume Aragall, Dietrich Fischer-Dieskau. Deutsche Opera Orchester dirigida por Lorin Maazel.
Fue Pilar Lorengar una de las más grandes sopranos líricas del siglo XX, y también una de las más infravaloradas. Un timbre cálido, un agudo squillante y un vibrato para nada molesto, hacían de su voz una gratísima escucha. Su Violeta es vibrante, candorosa, amorosa, dolente, es una grandisima Violeta, a su lado no desmerece nada la cálida voz de otro menospreciado tenor español; Jaume Aragall, cuyo Alfredo es de lo mejorcito de la discografía de “La Traviata”. Fischer-Dieskau es un interprete analítico, no deja puntada sin hilo, y compone un matizadísimo Germont. La orquesta suena bien de mano de un acertado Maazel.

Montserrat Caballé, Carlo Bergonzi, Sherrill Milnes. Orquesta de la RCA dirigida por Georges Pretre.
Caballé cantó y mucho la Violeta en sus años de juventud, aquí se nos presenta con la voz más madura, pero sigue en esplendor. Cierto es que tira del registro de pecho para darle mayor consistencia a su grave, pero en las partes líricas esta inmensa, y se defiende, poco, en la coloratura. Bergonzi nos ofrece un Alfredo aún más maduro, como el que nos muestra en su primera grabación y Milnes ofrece un correcto Germont, no molesta.

Ileana Cotrubas, Plácido Domingo, Sherrill Milnes. Bayerische Staatsorchester dirigida por Carlos Kleiber.
Cotrubas no fue una gran Violeta en el primer acto, pero su candorosa voz ayuda a que nos la creamos como la cortesana en los II y III acto. Domingo hace un ardiente pero insuficiente Alfredo, casi fuera de estilo, y Milnes hace un mediocre Germont, con una dicción muy dificil. Kleiber dirige de forma magnifica a su orquesta

Anna Netrebko, Rolando Villazón, Thomas Hampson. Wiener Philarmoniker dirigida por Carlo Rizzi.
Últimísima y comentadísima versión de la obra de Verdi. Netrebko cumple como Violeta, aunque tiene graves problemas de fiato y agudo corto. Da el pego físicamente. Rolando Villazón, es un interpretre que o le odias o le amas, yo nunca he tenido buena relación con el, y me parece bastante justo en esta traviata. Quien suspende sin piedad es el ¿baritono? Thomas Hampson, tan verdiano como una jota, y con una voz que asusta.
No debemos olvidarnos de otras grandes Violetas como fueron Victoria de los Ángeles y Mirella Freni, todas en los II y III actos, el I se les atragantaba, la bella Anna Moffo o la simpar Renata Scotto. Como Alfredo dió también la tallas Josep Carreras o Richard Tucker, éste muy poco idiomático, y grandes Germonts han sido Cornell Mcneill o Renato Bruson
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