
Artista inconmensurable, cantante inteligente y protagonista de jugosísimas anecdotas, verdaderas o apócrifas, la gran Renata Scotto merece todo reconocimiento.
Nacida en 1934 en la bulliciosa Savona, debuta como cantante en la Navidad de 1952, cuando con el teatro completamente vendido debuta con uno de sus más famosos papeles, la Violetta de La Traviata. Poco tiempo despues debuta un papel que es suyo por derecho propio, la sufrida Cio Cio San de la Butterfly por la que recibe 25.000 liras de la epoca.
En 1953, la Scala de Milán esta audicionando jovenes sopranos para encarnar a Walter, el poeta y músico de La Wally de Catalani, la opera que abrirá la temporada milanesa en una producción dirigida por el mítico De Saba y realizada a mayor gloria de los no menos míticos Renata Tebaldi y Mario Del Mónaco. Scotto es escogida con amplia mayoria y se convierte en la gran triunfadora de las representaciones y con 15 salidas a saludar en la prima. (Tebaldi recibió solo 7!!)
Pero el hecho que marca para siempre la carrera de la Scotto será la renuncia de Maria Callas en 1957 a cantar una tercera función de La Sonnambula belliniana en Edimburgo, que obligará a la Scotto a sustituirla con un tremendo éxito.
Los años 60 son dorados para la Scotto. Si Callas tuvo a su Pippo, si Tebaldi tuvo a su Del Mónaco y Sutherland tuvo a su Pavarotti, Scotto tuvo a Alfredo Kraus. El gigante tenor canario fue en esos años 60 uno de los partenaires más habituales de la savonesa. Juntos cantan míticas funciones como esa Sonnambula prodigiosa de 1961 en la que Kraus y Scotto parezcan competir por quien sienta catedra antes, o esa maravillosa Lucia florentina, o ya en estudio con ese Rigoletto dirigido por Gavazzeni en el que Kraus esta asombroso, aunque Scotto esté un puntito por abajo con una visión algo aniñada de Gilda.
Pero no solo de San Alfredos vive Scotto, en estos 60, Scotto se codea con la creme de la creme de la tenorería. Obviemos una fallida Boheme junto a Poggi y Gobbi en la que ni ellos estan acertados y en la que la voz de Renata peca de ser demasiado ligera para Mimí y recordemos esa maravillosa Violetta que graba junto al recientemente desaparecido Gianni Raimondi. Graba uno de los mejores Rigolettos en estudio junto a Carlo Bergonzi y Dietrich Fischer-Dieskau, en la que su visión de Gilda ha cambiado y ya es más madura. Además se impone frente al asombroso canto verdiano de Bergonzi.
En 1965 debuta en una de sus casas, el MET neoyorkino con una Cio Cio San que despierta la admiración de la ciudad y pronto se convertirá en una de sus favoritas.
Graba junto a Birgit Nilsson y Franco Corelli una preciosa Liú en la mítica Turandot de EMI y nos lega por primera vez su Butterfly en estudio, en una maravillosa interpretación de cantactriz junto a un inspiradérrimo Carlo Bergonzi.
Lucia di Lammermoor fue uno de sus grandes papeles en los 60 y parte de los 70, cuando Scotto aún no estaba en aguas, digamos procelosas, y nos lega numerosas y particulares visiones de la loca escocesa con lujosos Edgardos como Carlo Bergonzi, en video desde Tokyo o Luciano Pavarotti.
Dos papeles más, uno al fin y al cabo es casi intrascendente dentro de la magnífica carrera de la Scotto, como es la Giulietta de los Capuleti que canta junto a dos monstruos como son Jaume Aragall y Luciano Pavarotti. Con el otro papel sienta catedra absolutamente, la Adina del Elisir d’amor. La televisión italiana tuvo la maravillosa idea de grabar una de las representaciones del Elisir que se ofrecieron en 1967 en Florencia con un reparto de campanillas, Scotto, Bergonzi, Taddei y en menos medida Carlo Cava. El video nos enseña la maravillosa capacidad dramática de la Scotto, que es capaz de mostrarnos los diferentes estados de ánimo de la caprichosa campesina, a Bergonzi, más limitado en el campo escenico, solo le hace falta cantar para enseñarnos su personaje. Taddei es un lujazo como Belcore. Unos años sesenta plenos y maravillosos.
En los años 70 la vocalidad de la Scotto cambia. En los 60 el registro agudo era desahogado pero no pleno. La Scotto nunca tuvo una voz bonita, siempre lastrada por un cariz metalico que a veces no es grato. Podríamos decir que era una lirico-ligera. En los años 70, el registro agudo se verá bastante mermado por el intento de ensanchar la voz hacia abajo para poder dar vida a otras heroínas. Así los papeles belcantistas o líricos irán progresivamente desapareciendo del repertorio de la Scotto a medida que los más liricos o spintos irán llegando.
Aún en los primeros setenta nos deja joyas en la historia de la opera como ese Faust japonés junto a Alfredo Kraus y Nicolai Ghiaurov. Pero más adelante irá debutando progresivamente papeles que en un principio no le van bien a su voz como la Elena de “Vespri Siciliani” en la que es sonoramente abucheada en presencia de la Callas, una buena Lady Macbeth de la que existe testimonio sonoro, Desdémona, que graba junto a Plácido Domingo en un notable Otello, la Magdalena de Coigny del Chenier, la Fidelia del Edgar junto a un notabilísimo Carlo Bergonzi. Aún con sus capacidades vocales más mermadas que en la decada anterior, y en gran parte por ello, Scotto se desenvuelve maravillosamente encima de las tablas, creando personajes con vida propia. Nunca una Suor Angelica sonó más veraz que la suya, o una Adriana Lecouvreur tan autentica (con un glorioso reparto que incluye a Aragall, Taddei y Obraztsova).
Su debut en la Norma de Bellini en el final de los 70 es acogido con tibieza e incluso en algún teatro es abucheada. Para un servidor, su Casta Diva es uno de los mejores de la discografía. Ciertamente es un rol que le va grande, pero dentro de sus posibilidades esta bastante bien. En estudio esta acompañada por una Adalgisa de excepción, Tatiana Troyanos. Igual de discreto fue su debut como Gioconda, junto a Pavarotti, en unas funciones recordadas por los abucheos recibidos.
En los ochenta sigue igual de activa y nos regalará dos joyas más. Su atractivísima Mimí, con una maravillosa construcción dramática, tanto con Alfredo Kraus en estudio, como con Luciano Pavarotti en un live desde el MET y su personal y final Violetta que graba con Kraus y Bruson. Es de justicia decir lo apurada que va en el primer acto, pero Violetta no se construye solo en el primer acto, sino en el segundo y en el tercero, y es ahí donde la Scotto lo clava. Son muchos años los que lleva interpretando a la consumida cortesana y si su segundo acto es violento, su tercero es conmovedor.
Su Tosca con Levine es otro papel que le va grande, pero que la magia de la Scotto hace que esté a su medida. Para no olvidar es un gloriosa Musetta, también en un live desde el MET con el estupendo Rodolfo de Carreras.
En los años noventa su actividad no acaba, y debutará papeles tan dispares como la Mariscala del Rosenkavalier, o lo Klitemnestra de la Elektra. Su carrera como directora de escena empieza tan pronto como acaba la de cantante.
Siempre es un placer volver a la Scotto
En general, muy de acuerdo. Una soprano im-pres-cin-di-ble.
Saludos.